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LA IDEOLOGÍA O EL ABORTO DE LA REALIDAD

   Releo con asombro el Anteproyecto de Ley del Aborto que quiere llevar a cabo nuestro gobierno, y las declaraciones que la Ministra de Igualdad, Bibiana Aído, realiza constantemente sobre esta ley.
Al mismo tiempo, percibo con estupor cómo desde los medios de comunicación, desde los ámbitos políticos, e incluso desde ciertos sectores de la Iglesia, se intenta acallar la voz de los cristianos, laicos o clérigos, que desean de buena fe opinar sobre temas de actualidad, como el que nos ocupa. Un ejemplo del tratamiento que se da a las opiniones de la Iglesia, que es paradigmático, es la insistente tergiversación que se realiza de las palabras de Benedicto XVI, que ha alcanzado un nivel asombroso cuando se ha informado sobre sus declaraciones relativas a la anticoncepción en su viaje a África. A menudo, casi de forma habitual, los medios de comunicación han adulterado sus declaraciones con titulares falsos, manipulando sus palabras o interpretándolas desde perspectivas ideológicas que no sólo no dejan aflorar las palabras del Papa, sino que las trastocan, mintiendo sobre ellas sin ningún reparo. En estos días hemos asistido a un fenómeno peculiar en la figura de nuestro Arzobispo, cuyo artículo de apoyo al Papa ha sido abordado desde el deseo de falsear sus palabras, induciendo con los titulares y los comentarios a una comprensión perfectamente inexacta de su posición. Cabe preguntarse: ¿Por qué, si se considera que la opinión de los cristianos no es válida en nuestro tiempo, se recurre a la falsedad y a la descontextualización de sus afirmaciones?
La relación del ser humano con la realidad no es meramente pasiva. El hombre debe hacerse una idea, una interpretación de sí mismo y del mundo, interpretación que no se puede comprender extrapolándola de la situación histórica y cultural concreta que vive y es. Sin embargo, la ideología se caracteriza por no pretender un acceso a la realidad en la que la ésta sea desvelada en la mayor medida posible, sino por reducir lo real a una serie de conceptos simplificados y arbitrarios desde los que es imposible comprender el mundo. La ideología disfraza la realidad y la hace irreconocible. ¿Por qué toda información sobre la Iglesia es deformada sistemáticamente desde parámetros ideológicos que la hacen incomprensible? ¿Por qué insistimos en filtrar toda la información, en general, por cedazos reductores, que sesgan los hechos, los desfiguran y hacen ridículos? Los medios de comunicación deberían reflexionar sobre este hecho con detenimiento, puesto que la ideologización a la que tienden les desacredita aceleradamente, y los que participamos en acontecimientos que se ven después reflejados en estos medios podemos apreciar a menudo cómo su relato de los hechos no se adapta a lo que sucedió, sino que sufre una deriva ideológica que anquilosa y cercena lo real.
El debate sobre el aborto es un fenómeno particular de esta situación general. Considerar que la vida de un ser humano queda a la entera disposición de otro es un retroceso a formas de barbarie que, como ha comentado Enrique Encabo (Miembro de UGT con responsabilidades dentro del sindicato, que ha abandonado debido a la postura de sus compañeros sobre el tema del aborto), recuerda más a las formas de opresión que describía Carlos Marx en El Capital que a ninguna liberación. Nadie es liberado por poner a su disposición la capacidad de matar a otro. Parafraseando a Encabo, las primeras oprimidas, por una ideología liberal que sólo las comprende como instrumentos de trabajo, son las mujeres que desfilan por las clínicas abortistas.
El fenómeno del aborto, común a todas las formas de paganismo, es una reedición de viejos estilos totalitarios, que renacen en el entorno de nuestros Estados de Partidos.
Nuestra Ministra de Igualdad ha afirmado que la ley de plazos está pensada para permitir el aborto hasta el momento en el que el embarazo es viable. La viabilidad del embarazo es, por lo tanto, una decisión del estado. La afirmación no sólo es falaz y estúpida, sino que es profundamente fascista. A partir del verano, nos dicen, el estado va a decidir cuándo una persona es o no ser vivo, según su estadio de desarrollo, y va a dejar a las madres la decisión de matar o no a esa vida, también a las menores de edad sin conocimiento de sus padres. Tengo que escuchar, además, que esta reedición de la relación amo-esclavo es una propuesta de izquierdas. Pronto dirán que es de izquierdas la dominación absoluta del hombre sobre el hombre, que estos presuntos socialistas ya avalan para las primeras semanas de vida.
Mientras, nuestro gobierno continúa su política basada en que “ni la difusión, ni la venta de productos anticonceptivos ni el aborto deberán ser perseguidos por la ley. Habrá que facilitar la creación de instituciones especiales para el aborto, entrenar para esto a comadronas y enfermeras.” ¿Les parece una frase que podría haber dicho nuestra Ministra de Igualdad, animada por su deseo de “liberarnos”? La escribió Adolf Hitler en 1940.

 

Marcelo López Cambronero. Instituto de Filosofía Edith Stein
 
   
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