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Izquierda y aborto: antónimos

   La vida es un proceso continuo que se inicia en el momento de la fecundación y que se desarrolla sin “saltos biológicos”, es decir, sin variaciones cualitativas. La división que nosotros podamos hacer en etapas (“preimplantación”, “implantación”, “infancia”, etc.), nos sirve para comprender mejor qué es lo que allí acontece, pero no se corresponde con la existencia de “etapas” cerradas en la realidad viva del ser humano. Les hablo de un hecho, sobre el que existe un consenso casi completo en la comunidad científica.
   Sin embargo, algunos insisten en querer imponer a la realidad aquello de lo que les han llenado la cabeza y, como en tantas otras cosas, tienen una mirada reductiva, por ideológica, sobre el mundo. Este problema visual afecta con especial intensidad a los políticos, que intentan trasladar sus criterios empequeñecidos y su moralina barata al resto de los mortales.
   Si se considera que existe un conflicto entre el derecho a la vida y algún otro derecho, como el derecho a la integridad física o el derecho a la dignidad, dicho conflicto se puede resolver por la vía de la Ley Orgánica (art. 81 Const). No obstante, a mi juicio, si la resolución de estos conflictos supone la limitación o reducción de un derecho fundamental de los recogidos en la norma constitucional, nos salimos de los supuestos del citado artículo, y debemos recurrir al procedimiento indicado por el art. 168, que termina en un referéndum popular.
   Los partidos no pueden, por sus propios medios, según sus propios criterios, iniciativas, ideologías, moralinas o gustos, modificar tan sustancialmente la sección I del capítulo II de nuestra Constitución (“De los derechos fundamentales y de las libertades públicas”). Si lo hacen debilitan -y por puro e irresponsable capricho- las bases de legitimidad de nuestros actuales “Estados de Partidos”, ya que la defensa de los derechos fundamentales es, en nuestros sistemas políticos, un elemento legitimador esencial, incluso más que la libertad política, de cuyo déficit es contrapeso.
   Podemos preguntarnos, también, si es legítimo que el pueblo soberano, en decisión libre y democrática, determine la exclusión del derecho a la vida para cualquier grupo social, sea por cuestiones de sexo, religión, edad, raza, criterios de mercado, demografía, o para asegurar que la mujer siga el modelo liberal y se convierta en una obediente productora, etc. Este tipo de decisiones ya se han dado en la historia, e incluso ya existen en otros países de nuestro entorno (en expresión que gustan de repetir nuestros políticos para justificar cualquier decisión según el constante criterio de “todos tontos, ningún tonto”). Una disposición de este tipo, por muy soberana que fuese, constituye un suicidio institucional y una injusticia, y obliga, en conciencia, a desobedecer.
   ¿Cómo es posible que los partidos de izquierdas apoyen iniciativas reaccionarias que literalmente eliminan el derecho más importante que tiene el ser humano, sustento de todos los demás? Contesto rápidamente: lo que hoy llamamos partidos de izquierda son agotados y vetustos elefantes que se han aferrado a su muy burguesa posición y vampirizan la noción de “izquierda” para que nadie les mueva ni un milímetro de la butaca. En nuestro “Estado de Partidos” ya no existen partidos de izquierdas, y los que nos tenemos por votantes de izquierdas vagamos a la deriva horrorizados ante el aburrimiento, el ahogo y la desesperanza que nos produce la política.
   Con todo, todavía surgen algunas luces en el horizonte, algún pequeño estremecimiento que intenta debilitar nuestro ya esclerotizado escepticismo político, haciéndonos ver algo de imaginación y de afecto por la realidad. Se trata de un pequeño partido (SAIN, al que ni pertenezco ni he votado nunca, pero que si acierta merece nuestra alabanza) que ha publicado un manifiesto titulado: «rechazamos el aborto porque somos de izquierdas» y en el que se dicen una serie de verdades: 1.- que todos los partidos políticos parlamentarios, “de izquierda” y de derecha, son liberales (estructuran su discurso desde parámetros mercantilistas, utilitaristas) y defienden el aborto (créanme, una cosa lleva a la otra); 2.- que la legalización del aborto es un signo distintivo de épocas pasadas y de regímenes totalitarios; y 3.- que una política de izquierdas debe defender la vida humana en todo momento y concentrarse en ayudar a la madre y a las familias generando alternativas eficaces a la eliminación de un ser vivo. Por el bien de la madre y del propio niño.
   Necesitamos, con urgencia, como el aire para respirar, que la izquierda exista; y, por supuesto, y en correlación inmediata, que todos tengamos reconocido el derecho a la vida en todo momento.

 

Marcelo López Cambronero. Instituto de Filosofía Edith Stein
 
   
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