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El
Instituto de Filosofía «Edith Stein», de la archidiócesis de Granada,
está erigido por el arzobispo de Granada mediante decreto de fecha del 9 de
agosto del año 2005, fecha en la cual se aprobaron también sus estatutos. Su
finalidad primordial es ofrecer, en primer lugar a los candidatos al sacerdocio
de los Seminarios de Granada, pero también a otras personas interesadas, un
lugar de amor a la sabiduría («filosofía»), que permita reflexionar, desde la
Tradición Sagrada de la Iglesia, y por tanto, a la luz del acontecimiento
cristiano, sobre la realidad y sobre su significado.
El acontecimiento cristiano, en el que culmina la historia, es la Encarnación del Hijo de Dios y el misterio Pascual, que se prolongan en el tiempo en la vida de la Iglesia. El acontecimiento cristiano es experiencia de la redención, obra de Cristo en la que el Dios Trino se comunica al hombre y se da a conocer. Pues bien, en ese revelarse el Misterio de Dios, también se ilumina el misterio del hombre: «Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación»[1]. El acontecimiento cristiano, en efecto, en el que se nos abre el horizonte de la vida eterna como razón de ser de nuestra existencia creada, no tiene sólo que ver con la orientación de las acciones del hombre, sino que nos descubre quien es Dios, qué es el mundo y qué es la vida humana.
El Instituto es consciente de que la apelación a la Tradición Sagrada de la Iglesia, rectamente vivida y entendida, es siempre, y también de manera especial en el contexto del mundo actual, una garantía de libertad y de integridad en el uso de la razón, y condición de posibilidad para un diálogo serio, respetuoso y lleno de afecto, con otras experiencias religiosas y con otras culturas.
Esta tarea de cultivar el amor a la sabiduría es siempre importante para la vida de la Iglesia, como ha subrayado la encíclica Fides et Ratio de Juan Pablo II, de feliz memoria. Y eso en cualquier circunstancia, ya que el recurso a la razón es una exigencia íntima de la fe cristiana, pero aún más en un momento cultural en que el aprecio mismo por la razón y la posibilidad de una verdadera sabiduría están puestos en cuestión como fruto de la disolución (o de la hipertrofia) de lo que se llama «la modernidad».
El
Instituto lleva el nombre de Edith Stein (Santa Teresa Benedicta de la
Cruz, patrona de Europa), porque la filosofía de Edith Stein ofrece un modelo de
excelencia a la filosofía cristiana de hoy. Judía de religión y de raza, fue una
de las primeras mujeres que obtuvieron un doctorado en filosofía en Alemania,
pero por el hecho de ser mujer nunca pudo tener una posición académica. Fue
discípula y ayudante de E. Husserl, uno de los filósofos que diagnosticaron «el
fracaso de la filosofía moderna para resolver sus propios problemas y zanjar sus
desacuerdos», y que se embarcaron por ello en «un modo radicalmente nuevo de
investigación filosófica», la fenomenología[2]. En su obra,
Edith Stein no descarta ninguno de los elementos que constituyen la experiencia
de lo real. Sabía, como escribió a un compañero al tener noticia de la muerte de
su maestro Husserl, que «Jamás he podido pensar que la misericordia de Dios se
reduzca a los límites de la Iglesia. Dios es la verdad. Quien busca la verdad
busca a Dios, lo mismo si se da cuenta como si no»[3]. Su
compromiso vital con la verdad recibió el impulso definitivo en el encuentro con
Cristo. Su filosofía llevó a la fenomenología a abrirse a nuevas cuestiones y a
un reencuentro con la tradición, especialmente con Sto. Tomás. Carmelita y
mártir, víctima de una de las más terribles ideologías totalitarias del siglo
XX, en ella descubrimos una trayectoria filosófica que posibilita un verdadero
diálogo desde la fe cristiana con las culturas y las posiciones intelectuales de
los hombres de hoy.
El
Instituto se inspira también en la obra del filósofo Alasdair C. MacIntyre en
diversos aspectos: en su exposición de la fragmentación y, en último término, de
la disolución, de la vida moral e intelectual en la modernidad ilustrada y en
sus derivaciones; en su crítica, por tanto, de la tradición liberal; en su
redescubrimiento del valor de las filosofías aristotélica y tomista para
iluminar problemas centrales de nuestra vida y de nuestras sociedades en este
momento de la historia; y en su recuperación de los conceptos de tradición y de
comunidad como esenciales para la vida moral e intelectual, y para un diálogo
fecundo entre culturas diversas. La razón humana no existe sino en una
tradición, sino en una comunidad histórica.
El Instituto, pues, se sitúa en su reflexión filosófica, por así decir, «más allá de la razón secular» (John Milbank)[4]. Esto significa en concreto, el reconocimiento de la necesidad de una tradición y de una comunidad, en último término religiosa, para la comprensión de uno mismo, de la sociedad y del mundo, y para la racionalidad de la vida intelectual y moral; y propone, sin planteamientos apologéticos, la tradición cristiana como alternativa al nihilismo, y como posibilidad real para salir del marasmo intelectual y moral en que se halla la sociedad contemporánea. En este sentido, el Instituto quisiera ser, con la ayuda de Dios, una comunidad de las que habla el mismo MacIntyre en la última página de Tras la Virtud, que «han dejado de considerar el sostenimiento del imperio como una obligación moral»[5], y que tienen en su propia forma de vida, en medio de la sociedad actual, recursos suficientes como para mantener en tiempos oscuros tanto la vida intelectual como la vida moral, y para proponerlas al mundo. Esos recursos se resumen en el motto central de la Regla de S. Benito: «No anteponer nada al amor de Cristo»[6].

A
la luz de estos planteamientos, el Instituto prestará una atención especial a
las figuras señeras del pensamiento cristiano en Occidente, S. Agustín y Santo
Tomás de Aquino. El Instituto tendrá un interés especial en Santo Tomás
precisamente porque su pensamiento tiene una viva conciencia de la consistencia
del orden creado, sin contraponer esa consistencia a la dependencia de Dios,
sino fundándola precisamente en la participación en el Ser. Por otra parte, Sto.
Tomás, como S. Agustín y como la gran tradición de los Padres, hace filosofía
sin poner nunca entre paréntesis nunca la gracia, la revelación y la redención.
En su pensamiento, la teología no constituye una «interferencia» en el quehacer
de la filosofía y en el uso de la razón, sino que constituye el estímulo más
grande para que la razón llegue hasta el fondo de sí misma. En ese sentido, la
figura de Santo Tomás es rescatada del dualismo de sus interpretaciones
modernas, de la mano de É. Gilson, Henri De Lubac, Hans Urs von Balthasar y
otros, y recupera su capacidad provocadora para el hombre de hoy. Por último, y
dadas las circunstancias de Granada, el Instituto se interesará por los
pensadores cristianos de Oriente, sean los pensadores bizantinos o eslavos, como
Vladimir Soloviev, o sean los teólogos y filósofos cristianos del Medio Oriente,
sirios, coptos o armenios, que trabajaron a veces en sus propias lenguas, pero
sobre todo en árabe.
El Instituto trata de responder a las preguntas que el hombre se hace, y también de entender por qué a veces no se las hace, prestando una atención rigurosamente intelectual a la historicidad de la inteligencia y de la experiencia humana, y por tanto, a la dimensión cultural y tradicional de la razón humana. Tiene, pues, muy en cuenta, el contexto cultural de lo que se llama con frecuencia la «post-modernidad», no para hacer de ella un paradigma al que la fe tendría que acomodarse, sino para juzgarla en sus propios términos desde la experiencia de la Iglesia, y para tratar de comprenderla desde la historia, trazando su «genealogía».
El Instituto tiene su sede en el inmueble del Seminario Mayor «San Cecilio» , Paseo de la Cartuja 49. 18011 GRANADA.
El Instituto no concede por sí mismo títulos, sino que, por una parte, buscará, mediante los convenios correspondientes, la cooperación, en los términos que sean posibles, y según la disciplina de la Iglesia, con instituciones de intereses similares, eclesiásticas o civiles. Desde el comienzo, el Instituto tiene una relación especial de afecto y de colaboración con la UCAM, por tratarse de una Universidad Católica situada en la Provincia Eclesiástica de Granada. A los alumnos a los que, por razones diversas, les fuese necesaria o útil la obtención de un título universitario civil de carácter superior, se les invitará a matricularse en la UNED.
Para el profesorado, el Instituto cuenta con un profesorado excelente, amigo del proyecto desde su comienzo. El Instituto tratará de tener a medida que sea posible un pequeño núcleo de profesorado estable propio. E igualmente, según los estatutos, podría contar con la colaboración de filósofos que, en calidad de visiting professors o según otra figura adecuada, colaborarían con la docencia, la investigación o las publicaciones.
El Instituto posee una Biblioteca, dotada de un excelente fondo histórico, que es la antigua Biblioteca del Seminario «San Cecilio», a la que se añade el importante fondo histórico de la Biblioteca Arzobispal, instalado hoy también en el inmueble del Seminario «San Cecilio» y en proceso de catalogación. Junto a estos dos fondos se está instalando una nueva Biblioteca moderna, especializada, de contenido fundamentalmente filosófico. En el futuro, el Instituto estará conectado en red con las otras Bibliotecas históricas de la Archidiócesis de Granada, en particular con la de la Abadía del Sacromonte.
NOTAS:
[1] Concilio Vaticano II, Constitución Pastoral Gaudium et Spes, 22.
[2] Cf. A. MacIntyre, «How is Intellectual Excellence in Philosophy to be Understood by a Catholic Philosopher? What has Philososphy to Contribuye to Catholic Intellectual Excedllence?» Current Issues in Catholic Higher Education 12 (1991) 47- 50: 49.
[3] Edith Stein, Briefe von Edith Stein, I, 23.
[4] Cf. J. Milbank, Theology and Social Theory. Beyond Secular Reason. Blackwell, Oxford, 1995; 2005 (2ª edición). Versión española: Teología y Teoría Social. Más allá de la Razón Secular. Herder, Barcelona, 2004.
[5] Alasdair MacIntyre, After Virtue, Notre Dame University Press, Notre Dame, Indiana, 1981, 244. Versión española: Tras la Virtud, Editorial Crítica (Biblioteca de Bolsillo, 61), Barcelona, 2001, 322.
[6] S. Benito, Sancta Regula, IV, 21: «Nihil amori Christi praeponere»; V, 2:«Nihil sibi a Christo carius aliquid existimant»; LXXII, 11: Christo omnino nihil praeponant». Cf. Dom García M. Colombas y otros (eds.), S. Benito, su vida y su regla (Bibilioteca de Autores Cristianos, 115), La Editorial Católica, Madrid 1968 (2ª edición), 370; 384; 710.
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