El Instituto lleva el nombre de Edith Stein (Santa Teresa Benedicta de la Cruz, patrona de Europa) porque su filosofía ofrece un modelo de excelencia a la filosofía cristiana de hoy. Judía de religión y de raza, fue una de las primeras mujeres que obtuvieron un doctorado en filosofía en Alemania, pero por el hecho de ser mujer nunca pudo tener una posición académica. Fue discípula y ayudante de Husserl. En su obra, Edith Stein no descarta ninguno de los elementos que constituyen la experiencia de lo real. Sabía, como escribió a un compañero al tener noticia de la muerte de su maestro Husserl, que "jamás he podido pensar que la misericordia de Dios se reduzca a los límites de la Iglesia. Dios es la verdad. Quien busca la verdad busca a Dios, tanto si se da cuenta como si no". Su compromiso vital con la verdad recibió su impulso definitivo por el encuentro con Cristo. Su filosofía llevó a la fenomenología a abrirse a nuevas cuestiones y a un reencuentro con la tradición, especialmente con santo Tomás. Carmelita y mártir, víctima de una de las más terribles ideologías totalitarias del siglo XX, en ella descubrimos una trayectoria filosófica que posibilita un verdadero diálogo desde la fe cristiana con la cultura y las posiciones intelectuales del hombre de hoy.

El Instituto se inspira también en la obra del filósofo Alasdair MacIntyre, en diversos aspectos: en su exposición de la fragmentación y, en último término de la disolución, de la vida moral e intelectual en la modernidad ilustrada y en sus derivaciones; en su crítica, por tanto, de la tradición liberal; en su redescubrimiento del valor de las filosofías aristotélica y tomista para iluminar problemas centrales de nuestra vida y de nuestras sociedades en este momento de la historia; y en su recuperación de los conceptos de tradición y de comunidad como esenciales para la vida moral e intelectual, y para un diálogo fecundo entre culturas diversas. La razón humana no existe sino en una tradición, sino en una comunidad histórica.
Nos situamos en nuestra reflexión filosófica, por así decirlo, "más allá de la razón secular" (John Milbank). Esto significa, en concreto, el reconocimiento de la necesidad de una tradición y de una comunidad, en último término religiosa, para la comprensión de uno mismo, de la sociedad y del mundo, y para la racionalidad de la vida intelectual y moral; y propone, sin planteamientos apologéticos, la tradición cristiana como alternativa al nihilismo. En este sentido el Instituto quiere ser, con la ayuda de Dios, una comunidad de las que indica el propio MacIntyre en la última página de Tras la virtud, que "han dejado de considerar el sostenimiento del imperio como una obligación moral", y que tienen en su propia forma de vida, en medio de la sociedad actual, recursos suficientes como para mantener en tiempos oscuros tanto la vida intelectual como la vida moral, y para proponerlas al mundo. Esos recursos se resumen en el motto central de la Regla de San Benito: "No anteponer nada al amor de Cristo".

|